Capítulo 2 - Las Características del Despliegue:
ALUMNOS: Cecilia Gariboti, Ignacio Aguilar, Juan Pablo Cariola y Leonardo Dresner
La adicción constituye una de las manifestaciones de la dependencia adicta que se caracteriza, por la apelación a instrumentos externos a los cuales el sujeto otorga el poder ilusorio de aliviar su tensión psíquica siempre y cuando se presten a su intención inconsciente defensiva, de inanimar lo animado y animar lo inanimado.
Los objetos externos a los cuales se dirige el ser humano son muy variados. Con finalidades muy diversas y con diversas preferencias. El intento natural del individuo consiste en controlar el mundo del no-yo, promovidos por los mandatos de la cosmovisión omnipotente.
Cuando las organizaciones omnipotentes se extienden, conjuntamente con la dependencia adicta, el sujeto rigidifica cada vez mas su sistema defensivo. Tratando de alejarse de lo animado y dirigirse a lo inanimado. Y para ello apela a sus fantasías, con el propósito inconsciente de inanimizar lo animado y animizar lo inanimado.
Ya que los objetos que menos se prestan al control omnipotente son los animados, debido a que posen mayor movimiento autónomo, en relación al individuo. La dependencia del objeto externo se hace mas difícil cuando este es un objeto-persona vivo y puede tener conductas inesperables. No obstante la inmovilización del objeto-persona, se puede alcanzar mediante de tácticas de seducción muy variadas para lograr el ansiado propósito de dominio y posesividad.
Con lo cual, puede haber tanto como éxito como fracaso. En ambos casos el resultado puede ser parcial. El fracaso del control total, suele llevar al intento de control parcial del objeto. Este acto le promueve el sujeto una disminución en la frustración de sus metas.
Cuando no es logrado, el sujeto manifiesta signos de desesperación, que se traducen en una conducta tiránica.
De esta conducta, es observable en los adictos, cuando se encuentran en un estado de abstinencia. A partir de cada adicción, la demanda del objeto del adicto variará. Con lo conlleva que el sujeto prescinde del objeto y lo reemplaza por otro. Para esta finalidad inconsciente, de poseer un control omnipotente, el sujeto primero debe inanimar al objeto mediante la fantasía, de transformar la parte en el todo y luego animizar lo previamente inanimado, atribuyéndole a las partes elegidas características particulares. Demostrando así que la fantasía posee un carácter defensivo frente al medio hostil.
El intento de inmovilizar al otro es un extremo, en la ilusión momentánea, de la fantasía que al convertido en algo inanimado, se acabara también con la desesperación y el pánico que el objeto provoca y por lo tanto con el odio, persecución y culpa, que cierran el círculo miedo-odio-culpa-persecución-pánico-villanía y culminan con el crimen.
El deseo del control omnipotente lleva al sujeto al ilusorio intento de inanimar lo animado y animar lo inanimado. El intento consiste en transformar lo animado en cosa y dar a las cosas carácter de animado. Podemos notar que la cosmovisión de la dependencia adicta somete la parte de la mente capaz de reconocer y tolerar la realidad del propio yo como diferente del ajeno y del mundo circundante.
Por ende el mundo del adicto se reconstruye continuamente. En esta reconstrucción de inanimización-animización incluye al propio adicto, quien termina haciendo consigo mismo lo mismo que con los que lo rodean, transformándose él mismo en un objeto al cual instrumenta como si fuera una cosa animizada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario