Capítulo 1 de Susana Dupetit
En una primera etapa el bebé no se relaciona con sus padres como figuras totales sino con una parte de ellos. Así, ama el pecho que lo alimenta, la mano que lo limpia y la voz que lo contiene. Teme la ausencia de los padres, ya que durante los primeros tres meses no aprendió que ellos se alejan y vuelven. No los percibe como tales sino como movimientos. Más adelante se calma también con una sabanita o con la almohada. También con sus manos u otras partes de su cuerpo. Pero, si la ausencia de los padres es prolongada, surgen sentimientos de inquietud, pánico y odio.
La imaginación y la fantasía empiezan a tomar un lugar en la vida del lactante y regirá, en mayor o menor medida, durante toda la vida. Ellas estarán al servicio de dos intencionalidades:
- defensa ante el dolor psíquico
- creación de versiones hipotéticas para entender la realidad exterior.
Hay dos modalidades del uso de la fantasía:
- modalidad omnipotente, donde el individuo trata de imponer sus hipótesis con una convicción inamovible sin verificación con la realidad.
- modalidad realística, donde predominan la castración y la flexibilidad.
Ambas modalidades coexisten en cada individuo. Al predominio de la modalidad omnipotente del uso de las fantasías se lo llama enfermedad mental.
La ausencia de las funciones paterno-maternas de darles a los hijos ternura, contención afectiva y normativa para que adquieran la capacidad de esperar, defensa de peligros, acompañamiento en el aprendizaje, cuidados materiales, así como su exceso, determinan una actitud general en el niño y en el adolescente de incapacidad para reconocer la existencia de un mundo fuera de sí mismos y de tolerar esperas y frustraciones. El niño se forma con las características del "Ya está" y tendrá una versión terrorífica de sus padres, lo que le ocasionará culpa y temor de ser castigados.
En la mente del niño se distinguen dos aspectos:
1- Aspecto adulto, que aparece como una tendencia progresiva y activa al reconocimiento de las diferencias entre el mundo interior y exterior.
2- Aspecto infantil, que no permite que se efectúe esa distinción y que comprende:
- aspecto dependiente, que tiende a identificarse con las funciones paterno- maternas.
- aspecto omnipotente, que implica el sometimiento de la parte dependiente infantil y adulta a sus demandas. Esta dependencia interna de una parte de la personalidad se llama dependencia adicta.
La adicción es una de las manifestaciones de la dependencia adicta que se caracteriza por la apelación a instrumentos externos, a los cuales el sujeto les otorga el poder ilusorio de aliviar su tensión psíquica, implicando un retiro emocional y perceptual respecto de los demás seres humanos y un interés predominante dirigido a los objetos o a las personas consideradas como objetos.
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